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Mucho ha llovido desde que el 1 de agosto de 1981 MTV iniciase sus emisiones con Killed the Radio Stars de The Buggles. Tras los canales musicales de televisión por cable llegó internet y con él las plataformas de reproducción de videos online, que han dado voz tanto a las superproducciones más costosas como a la mayoría de videos musicales rodados con escasos presupuestos. Aunque el último caso es el más habitual, las ganas de expresar visualmente al hilo de una canción de forma corta, libre y experimental ha llevado a vehementes cineastas emergentes y consagrados a querer jugar en esta liga. Mucho se ha denostado el término “videoclipero” para injuriar algunos largometrajes, pero lo cierto es que dentro de este género encontramos auténticas joyas.

Como ya sabéis en Colorsm somos amantes de este formato, aparte de disfrutar trabajando en ellos somos muy fans de los concursos de estos. En esta serie de post veremos los trabajos de directores, directores de fotografía y coloristas de los videos musicales nominados a Mejor Video Musical y Mejor Cinematografía en Video Musical en el Camerimage 2018, el festival más prestigioso del mundo en lo que a dirección de fotografía se refiere. Como suele suceder, la mayoría llegan a Camerimage tras un largo recorrido en otros festivales.

ALT-J, Pleader

La banda indie rock inglesa Alt-J siempre cuidan mucho las ideas y el aspecto visual de sus videoclips. El año pasado su video “3WW” dirigido por Young Replicant se alzó con el premio a mejor dirección de fotografía para video musical en Camerimage. Este año están en Camerimage con “Pleader”, producido por Biscuit Filmworks UK, dirigido por Isaiah Seret, y fotografiado por John Lynch. El colorista de este trabajo es Simone Grattarola, de la empresa londinense Time Based Arts (quienes se encargan también de los efectos visuales). Grattarola dio la pincelada final al trabajo de iluminación naturalista de John Lynch con predominancia de verdes, cianes y cálidos tonos otoñales.

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Joe Newman, vocalista de Alt-J resumió así al director lo que buscaban con el video, “una historia de amor de la minería galesa y una marea de tierra”, y Seret, quien acababa de ser padre, obsesionado con la idea del nacimiento como concepto y objeto de filmación, dio forma a esta historia centrándola en una joven pareja de mineros galeses que se enfrentan al conflicto entre el deseo de tener un hijo y el conocimiento de que este destruirá a la comunidad. La mujer da a luz a un niño que parece estar conectado a sucesos cósmicos, entre ellos la caída de un objeto espacial que golpea la tierra del valle, devastando la zona. El video concluye de manera operística mientras suena la London Metropolitan Orchestra, el órgano y un coro de niños. Los niños del internado donde el protagonista ha sido enviado cantan este fragmento y se insinúa la redención final con las lágrimas del muchacho ya crecido y su regreso al valle.

El DoP Jonh Lynch plasma los sueños de Isaiah Seret

Con 6,5 minutos se acerca más al cine narrativo que al videoclip, combinando lo intimo con lo épico en la línea de los clásicos de David Lean como Ryan’s Daughter (1970) pero adaptado a las nuevas tecnologías de efectos digitales. Rodado en en el Valle de Rhondda al Sur de Gales, la historia se inspira, al igual que la canción, en la novela How Green Was My Valley de Richard Llewellyn (adaptada notablemente para el cine en uno de los grandes clásicos del mítico John Ford en 1941). El video también bebe de la poética del cine de Tarkovski: por un lado de Offret (1986) en lo que a temática se refiere, relacionando un cataclismo con la capacidad sobrenatural de una única persona (en este caso el niño protagonista); y por otro lado con un plano donde un vaso de leche se desliza solo sobre una mesa para caer al suelo anunciando el nacimiento del niño, claro homenaje a la última escena de Stalker (1979), donde el vaso se mueve y cae por acción telequinésica de una niña.

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El DoP John Lynch filmó Pleader con ARRI Alexa Mini y lentes Cooke anamórficas 2x (muy posiblemente con algo de difusión en cámara). El movimiento de cámara es casi siempre constante, en mano o steadycam. La luz siempre tiene apariencia naturalista, fría y diurna desde el inicio hasta la mitad del video, cuando se produce el nacimiento y la irrupción del rojo de la sangre. A partir de entonces la premonición parece ser falsa y la comunidad canta alegre en un interior nocturno entre tonos cálidos, justificados por lámparas de luz eléctrica y velas. La catástrofe anunciada no tarda en aparecer y una escena de atardecer con la madre anuncia su llegada. Entonces todo se vuelve más frío y penumbroso, con efectos de humo y polvo. Tras la catástrofe, un montaje paralelo muestra las escenas cálidas de la comunidad galesa cantando a coro, las imágenes de atardecer de la madre y las climáticas imágenes de los niños cantores del internado, de nuevo de modo naturalista con una clara luz de día y reduciendo la sombra. Finalmente el valle luce con un cálido atardecer y el niño vuelve al hogar.

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Las imágenes en 16 mm del nacimiento fueron extraídas de la obra Window Water Baby Moving, rodadas en 1959 por el director experimental americano Stan Brackhage, mientras que las imágenes de destrucción pertenecían a un video 4K de un flujo volcánico piroclástico grabado por James Reynolds en Japón y que los compositores VFX de Time Based Arts modificaron para el video. En definitiva, un trabajo impecable y con enorme carga poética.

Jesus Lara (Director de foto)